Marca País: Los Selk’nam como icono cultural capitalista.

Autor: Archivo Francisco Calaguala

Este jueves 25 de junio se aprobó en la Cámara Baja (después de dos días de discusión y la abstención de dos diputados) el proyecto que incluye al Pueblo Selk'nam como el décimo pueblo indígena de Chile. Esto, gracias a una iniciativa del pueblo Selk'nam tras la aprobación el año pasado, en la misma Cámara, de un proyecto de ley que reconoce "el exterminio de los pueblos Selk'nam y Aónikenk", lo que para las organizaciones sociales, que reúnen a más de 200 personas de la etnia, ponía "una lápida sobre el pueblo Ona, que sufrió un genocidio, pero no está extinto”. El proyecto actual inscribe a los Selk'nam en la Ley Indígena, por lo que, después de su promulgación (falta que lo apruebe el Senado), sus miembros podrán optar a varios beneficios como becas de estudio y fondos de desarrollo.


Si, como nosotres, daban por sentado que esta etnia contaba ya con tal reconocimiento, sentirán en sus tripas la misma dicotomía que sentimos al enterarnos de que no era así; esa suerte de celebración obligada por un acto que, no solo es tardío ni está promulgado, sino que, por añadidura, en el fondo ni siquiera debiera ser necesario.  “El Estado de Chile reconoce al pueblo Selk’nam” y con ello lo saca de la inexistencia oficial y lo lanza a otra: la de la transculturación.


Resulta triste e indignante que la resistencia de un pueblo vivo, perseguido por décadas por el Estado Chileno, a la fecha aún no sea reconocida, sino que hasta hace poco, activamente negada y sus integrantes declarados extintos. Se hace particularmente doloroso cuando gran parte de la "Marca País" cultural, que comercialmente el Estado muestra a posibles inversores, exhibe tan prominentemente piezas de la iconografía y cosmogonía Selk'nam, como Kotaix, Ulen y Tanu. Décadas usufructuando de su imagen para vender postales, muñecos, piochas y libros de fotografía en cada museo y centro turístico de Chile, para que recién a mediados de 2020 personas ajenas a ellos discutan sobre su reconocimiento como pueblo.


Luego vendrán los galardones Tesoros Humanos Vivos, con los que se elige a un miembro o una comunidad de entre varios postulantes, para la entrega de un monto en dinero y la realización de un video de 10 minutos, como se hizo con la última hablante yámana, Cristina Calderón, la alfarera mapuche Dominga Neculmán o las Artesanas en Crin de Rari, dejándonos a la espera de campañas sostenidas de difusión y educación sobre la cultura, la lengua y las tradiciones de aquellos pueblos de quienes sus Tesoros Humanos son representantes. En lugar de estas campañas, recibiremos cada tanto las noticias sobre la criminalización del pueblo Mapuche, la sanción a las vendedoras de mariposas de crin de las calles y la declaración de Cristina Calderón, en la publicación oficial del MACP al respecto, como “última mujer yámana”, como si no fuera ya suficientemente preocupante que sea la última que conoce la lengua de su pueblo.


Y deberemos agradecer, obligadamente, por el reconocimiento oficial del Estado; celebrar un premio que convierte a personas y grupos de personas en cosas, en souvenirs for export; brindar porque “peor es nada”. Mientras, los Selk’nam seguirán apareciendo en Wikipedia como un pueblo aculturizado por completo

Equipo TallerRestauro / 26 junio 2020